Unas veces las velas arden para el placer propio, otras sólamente para alumbrar las penumbras mientras suponemos estar excitados o peor, despiertos. Ya dejémonos de esas ideas románticas pasadas, donde las velas jugaban un papel de sólo espectadoras de nuestros actos sexuales. Es hora de que esa vela que tienes, la tomes, la beses y la invites a tus juegos. Que su esperma recorra tu cuerpo, que te queme y te haga arder en emociones. Que todas tus cavidades excitantes puedan ser penetradas por ella. Que tus manos vibren con su danza ardiente, así como ella te complacerá sin rechazo: déjate llevar por su camino. Ella conoce el calor y sabe dónde debe derretirse para tu disfrute. Tan sólo necesitas un poco de imaginación y muchas lujuria de por medio. Es hora de encenderte.
Oníricamente excitante…
Hace 7 años







